23 de marzo de 2018 |

Es posible solicitar una prestación por incapacidad permanente total para profesión habitual por disminución de la capacidad visual aunque los padecimientos de forma independiente se encuentren dentro de los márgenes legales exigidos para tener el carnet de conducir. Para ello debe realizarse un análisis conjunto de todas las lesiones definitivas que se hayan producido y que afecten a la vista.

El 4 de enero de 2018, la Dirección Provincial de Granada del Instituto Nacional de la Seguridad Social denegó la solicitud de Incapacidad Permanente Total para Profesión Habitual presentada por un conductor de transporte de mercancías por carretera perteneciente al régimen especial de trabajadores autónomos que se encontraba habilitado para llevar camiones que poseen una masa máxima autorizada (MMA) superior a los 3.500 kilogramos y que, tras haberse sometido a diferentes tratamientos médicos, presentaba atrofia óptica en el ojo derecho, entre otras lesiones definitivas. Lo anterior le producía una disminución de la agudeza visual (AD) del ojo derecho del 80%, y del 20% en el ojo izquierdo (AD OD 0,2 — AD OI 0,8), y una disminución de su campo visual en el ojo derecho del 89%.

Frente a esta resolución de la Dirección Provincial, López Cantal Abogados presentó reclamación previa a la vía judicial, a través de la cual ha conseguido en vía administrativa el reconocimiento de la prestación inicialmente solicitada, la incapacidad permanente total para profesión habitual de este trabajador por cuenta propia.

La clave del reconocimiento se encontraba en el propio Reglamento General de Conductores (Real Decreto 818/2009, de 8 de mayo de 2009), que establece de forma precisa los criterios de aptitud psicofísicas que son necesarios para obtener o renovar entre otros, el carnet de conductor de los grupos 2: C1, C1 + E, C, C + E, D1, D1 + E, D, D + E, elementos que por sí solos pueden determinar la concesión de una prestación de incapacidad permanente en cualquiera de sus grados (parcial, total para profesión habitual, absoluta y gran invalidez).

El Anexo IV del Reglamento General de Conductores (Real Decreto 818/2009, de 8 de mayo de 2009) exige para poder tener el carnet de conductor profesional del Grupo 2: C1, C1 + E, C, C + E, D1, D1 + E, D, D + E, “poseer, con o sin corrección óptica, una agudeza visual de, al menos, 0,8 y, al menos, 0,2 para el ojo con mejor agudeza y con peor agudeza respectivamente” . Como podemos observar, en el presente caso, el análisis de ese único parámetro no era suficiente para conseguir la pretensión solicitada, pues la agudeza visual, aún muy deteriorada, se encontraba dentro de los márgenes establecidos en la Ley.

Sin embargo, el propio Anexo del Reglamento General de Conductores establece otros muchos elementos que deben tenerse en cuenta para poder concluir si concurren o no aptitudes mínimas para conducir en condiciones de seguridad. Es el caso del campo visual, las afaquias y pseudofaquias, la sensibilidad al contraste, la motilidad palpebral, la motilidad del globo ocular o el deterioro progresivo de la capacidad visual.

Así, el referido Anexo IV del Reglamento General de Conductores, establece que “el campo binocular ha de ser normal”. Esta circunstancia, unida al resto de padecimientos del solicitante de la prestación, motivaron la estimación de la solicitud inicialmente denegada por el Equipo de Valoración de Incapacidades de la Dirección Provincial de Granada del Instituto Nacional de la Seguridad Social.

Con ello queremos destacar la importancia de realizar un análisis conjunto de todas las aptitudes que afectan a la capacidad visual de un individuo. En muchas ocasiones, nos encontramos con diferentes padecimientos que de forma independiente se encuentran dentro de los parámetros legales para poder seguir teniendo el carnet de conductor profesional y que, por sí solos, difícilmente pueden conseguir el reconocimiento de una prestación de incapacidad en cualquiera de sus grados. Esto no quiere decir que no puedan o no tengan derecho a ella, pues si hacemos una lectura o valoración conjunta de las diferentes patologías, podemos encontrarnos en un escenario mucho más favorable al reconocimiento que se pretende.

Es indudable que no tiene la misma capacidad visual un conductor que solo sufre reducción de la agudeza visual a otro que además padece alteraciones significativas en la sensibilidad al contraste, pues todas ellas están conectadas con la función principal del órgano visual.

Si tenemos en cuenta que el 90% de la información que necesitamos para conducir la recibimos a través de nuestra vista y que, como establece el Colegio Oficial de Ópticos-Optometristas, el campo visual se reduce hasta 75 grados a medida que se aumenta la velocidad durante la conducción, no debemos menospreciar los padecimientos que tengamos en los ojos. Como hemos querido transmitir, por leves que sean pueden llegar a afectar al normal desarrollo de una actividad profesional en condiciones de seguridad y a la posibilidad de solicitar una prestación que cubra la pérdida de ingresos que produce una enfermedad que reduce, limita o anula la capacidad laboral.

Enrique Gallo Palenzuela

 

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