24 de abril de 2018 |

El testamento es un instrumento rápido de elaborar, barato, que nos permite disponer de todos o parte de nuestros bienes para después de nuestro fallecimiento, pero que también puede contener otras disposiciones que pueden resultar convenientes más allá de la mera institución de herederos. Pero nos resistimos a otorgarlo hasta que no alcanzamos cierta edad, o lo descartamos cuando tenemos hijos pensando que en cualquier caso ellos serán nuestros herederos.

Exponemos a continuación diez razones para atrevernos a dar el paso sin dejarlo para más adelante y para utilizarlo convenientemente en función de nuestra situación personal:

1.- Debemos comenzar entendiendo que el testamento es un instrumento que facilitará nuestra sucesión a los herederos, en un momento de duelo en el que hay que enfrentarse a múltiples gestiones y actuaciones, tanto personales como legales. Si hemos otorgado testamento, tras esperar quince días hábiles desde el fallecimiento nuestros herederos podrán obtener el correspondiente certificado del Registro de Actos de Última Voluntad y solicitar la copia del testamento al notario autorizante. Si del certificado resulta que no hemos otorgado testamento, los que se crean con derecho a la herencia tendrán que promover la oportuna declaración de herederos abintestato, mediante acta notarial, para lo cual habrán de obtener previamente determinada documentación acreditativa del parentesco con el causante (certificaciones de nacimiento, de matrimonio, de defunción de otras personas premuertas, etc.), y habrán de esperar el transcurso de los plazos establecidos legalmente (al menos veinte días hábiles desde el requerimiento inicial al notario, si no se han tenido que publicar anuncios) hasta la conclusión del acta notarial declarando quiénes son los herederos del causante. La necesidad de realizar la declaración de herederos abintestato implicará por tanto una demora en obtener el título que acredita la condición de heredero así como tener que realizar unos trámites que podemos evitarles con un testamento cuyo coste es muy barato (el arancel de los notarios asciende a 30,05 €), y que puede ser revocado o modificado en cualquier momento.

2.- El Código Civil establece la existencia de unos herederos forzosos a los que la ley reserva una porción de bienes de los que no podemos disponer libremente, cuales son los hijos y descendientes, respecto a los padres y ascendientes; a falta de éstos, los padres y ascendientes respecto de sus hijos y descendientes; y el cónyuge viudo, todo ello en la forma establecida en el Código. Pero en la actualidad la tradicional familia compuesta por un matrimonio casado en régimen de gananciales con hijos ha dado paso a una amplia diversidad de relaciones (personas sin hijos, parejas no casadas, hijos de diversas relaciones, hijos sólo de uno de los miembros de la pareja, hermanos de doble vínculo y/o de uno sólo de los progenitores, etc.), en los que las personas pueden tener o no herederos forzosos o pueden querer dejar parte de sus bienes a personas que no son las tradicionalmente llamadas a sucedernos. El testamento nos permitirá disponer de la parte de nuestros bienes que no está reservada por ley a los herederos forzosos, a favor de esas otras personas con las que nos encontremos unidos por razón de afectividad y que queremos que nos sucedan. Así por ejemplo, si tengo hijos, siempre me quedará el tercio de libre disposición para dejarle esa parte a quien quiera (mi pareja, un hijo de mi pareja, un hermano, un sobrino, o quien queramos), pues si no hago testamento todos mis bienes serán para mis hijos a partes iguales; si no los tengo, pero tengo padres, ellos heredarán mis bienes si no hago testamento, pero si opto por otorgarlo, sólo tendré que reservarles la legítima establecida por ley (la mitad o  la tercera parte, en función de que exista o no  cónyuge viudo), pudiendo disponer del resto para las personas que desee (por ejemplo, una pareja no casada).

3.- Si hacemos testamento, no sólo podemos disponer de nuestros bienes a favor de quien queramos, respetando las legítimas, sino que también podemos dividir nuestra herencia en la forma que estimemos conveniente, realizando su división. Si sólo nombramos herederos, éstos tendrán que decidir de común acuerdo en qué forma se adjudican los bienes, acuerdo que muchas veces es difícil de alcanzar (pensemos por ejemplo en una persona que tenga hijos de varias parejas diferentes, que pudieran estar enemistadas entre ellas). La falta de un acuerdo los abocará a un procedimiento judicial de testamentaría, largo y costoso, mientras que la división efectuada en el testamento les evitará conflictos innecesarios si tenemos claro en qué forma queremos que se dividan nuestros bienes entre nuestros herederos.

4.- Además del nombramiento de herederos, también nos permite el testamento establecer legados de bienes concretos a favor de personas determinadas, sean o no herederos, legados que se encuentran libres de deudas. Así, nuestro heredero adquirirá tanto nuestros bienes como nuestras deudas, pero el legatario adquirirá la cosa legada sin tener que hacer frente a nuestras deudas, que serán siempre de cargo de los herederos.

5.- El testamento posibilita el nombramiento de albacea, que se asegurará de la ejecución de las disposiciones testamentarias, y de contador-partidor que procederá a realizar la partición de la herencia, si no la ha realizado el testador. El nombramiento de contador-partidor puede resultar de mucha utilidad si prevemos la existencia de conflictos entre nuestros herederos, que los abocarían a un procedimiento judicial de testamentaría para la división de la herencia si no hay persona designada para realizarla.

6.- Si tenemos hijos menores de edad,  incapacitados, o sujetos a patria potestad prorrogada, podemos utilizar nuestro testamento para nombrarles tutor e incluso establecer órganos de fiscalización de la tutela, disposiciones que vincularán al juez cuando tenga que constituirla.

7.- También podemos en el testamento nombrar un administrador de los bienes de nuestros hijos menores o incapacitados, persona que puede ser distinta del tutor que hayamos designado, estableciendo las reglas que estimemos oportunas sobre su administración y el destino de los frutos que se obtengan de ellos. Y si disponemos de algún bien a favor de un menor distinto a nuestros hijos, también podemos excluir de la administración paterna los bienes que les dejemos (pensemos por ejemplo en bienes que dejemos a un nieto, pero que no queramos que sus progenitores los administren).

8.- Además de nombrar herederos, también podemos designar las personas que las sustituyan en caso de que fallezcan antes que el testador, y establecer sustituciones fideicomisarias, en virtud de las cuales el heredero deberá conservar y transmitir a un tercero todo o parte de la herencia. Podremos también añadir otras disposiciones para que el patrimonio se conserve en la forma que estimemos oportuna, tales como prohibiciones de disponer de los bienes o de dividir las fincas, todo dentro de los plazos y con las condiciones establecidas legalmente. Un ejemplo: un hijo que no tenga descendencia, al que debemos dejar forzosamente parte de la herencia, pero no queremos que éste disponga de ella a favor de terceras personas, sino que nuestro deseo es que permanezca dentro del patrimonio familiar. Este tipo de disposiciones pueden ayudarnos a conseguir que se cumpla con nuestra voluntad.

9.- El testamento nos permitirá también realizar otras manifestaciones o disposiciones de naturaleza diversa, como por ejemplo el reconocimiento de una filiación, el establecimiento de condiciones a los legatarios o herederos, la exención de traer a colación los bienes donados a un heredero con anterioridad al fallecimiento del testador, favorecer a algún hijo respecto a los otros, dejar el usufructo de los bienes a personas determinadas, establecer derechos de uso o habitación, etc.

10.- Por último, no debemos olvidar el papel fundamental que el testamento tiene como instrumento de planificación fiscal. Aunque seamos reacios a contemplar cualquier extremo relativo a nuestra sucesión, si la herencia puede implicar una carga fiscal importante para nuestros herederos, podemos ver la forma de que ésta sea lo más leve posible. Pensemos en que en Andalucía una herencia de padres a hijos, o al cónyuge, las más habituales, no supondrá el pago del Impuesto de Sucesiones si nuestros bienes no superan en la actualidad un valor de un millón de euros. Pero si el heredero es un pariente colateral o un extraño, el pago del Impuesto de Sucesiones puede ser una carga tan elevada que aboque al heredero a renunciar a la herencia. Pongamos un ejemplo: si tenemos dos hijos, y sólo uno de ellos tiene descendientes, y entendemos que los bienes que dejemos al hijo sin descendientes pasarán finalmente a sus sobrinos, podemos disponer directamente de parte de nuestra herencia a favor de esos nietos, o mejorar al hijo con descendientes, respetando la legítima estricta de nuestro hijo, para evitar la carga fiscal de la herencia de un tío a favor de sus sobrinos. Y si tenemos una empresa familiar, podemos establecer las disposiciones que resulten necesarias para aplicar los beneficios fiscales que procedan.

Conclusión: Por tanto, el testamento no sólo nos servirá como instrumento para nombrar herederos o legatarios, respetando los derechos de los herederos forzosos, sino también nos permitirá evitar conflictos entre éstos mediante la división  de la herencia, o el nombramiento de albacea contador-partidor que la realice; podremos nombrar tutores para los hijos menores de edad o incapacitados, y administradores de sus bienes; también nos servirá para establecer otras disposiciones que pueden resultar convenientes para conservar el patrimonio dentro de la familia mediante sustituciones o fideicomisos, prohibiciones, etc.; y será igualmente un medio para que la carga fiscal sea la menor posible.

Por ello, nuestro consejo es que se planteen la conveniencia de otorgar testamento, debidamente asesorados, en función siempre de sus circunstancias personales y patrimoniales y de sus deseos.

Mª Teresa González Sánchez
Abogada. Socia
tgonzalez@lopezcantal.es
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